domingo, septiembre 10

Las dos Fridas

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En camisetas feministas, en imanes para el refrigerador, en bolsos de tela, en cases para iPhone; tú nómbralo y puedes encontrar el rostro de Frida Kahlo impreso en él. Ella pertenece a aquella selecta élite de personajes que nunca pierden vigencia y siempre hayan su manera de estar "de moda". Hay algo sobre Frida, un fenómeno muy singular que no se da con ningún otro pintor. Al pensar en cuadros famosos se nos puede venir a la mente La Gioconda de Da Vinci, La noche estrellada de Van Gogh o El grito de Munch, pero los cuadros de la mexicana no ocupan nuestro primer pensamiento —o quizá sí, ¿pero no será a modo de fan art? Ya saben, como los de las camisetas o imanes. Sin embargo, ¿alguien puede decir cómo luce Munch?

El estilo de Frida es hasta hoy su sello distintivo. Una ceja y flores prendadas a las trenzas de su cabello. Su discurso y los «Pies, para qué los quiero si tengo alas pa' volar» tatuados en miles de millones de espaldas, tobillos y muñecas. Para el mundo, Frida no son sus cuadros, Frida es una pieza de arte viviente. Esto no resta por ninguna parte el valor de sus pinturas, su talento como artista o la intensidad de su vida, pero nos hace reconocer que, amada y detestada casi a partes iguales, no hay ninguna figura como ella. Ningún otro pintor ha perdurado a su propio arte.

Personalmente, no la posiciono entre mis pintores favoritos, no despierta admiración en mí y sí creo que su imagen ha sobredimensionado de cierta manera su obra, sin embargo eso no me priva de ver el valor que tiene su figura. Su historia es la de una sobreviviente. A todo el imaginario visual de Frida se suma su historia, la de una vida marcada por la desgracia, enfermedad y pasión. María Hesse y Benjamin Lacombe junto a Sébastien Perez, cada uno por su lado, nos develan a sus Fridas.

domingo, junio 25

Cuatro autoras que leí este invierno (y debí hacer antes)

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En lo que va del año, mis lecturas se han visto principalmente dominadas por plumas femeninas. Para los amantes de las cifras: de los 67 autores que voy leyendo este 2017, 48 son mujeres. Ya sea porque he decidido disminuir mi lista de autoras pendientes o he estado al día con algunas novedades editoriales, la arrolladora presencia femenina en mis últimas lecturas ha sido un asunto de casualidad que no me ha privado de leer autores.

Afortunadamente, este experimento involuntario me ha traído más gustos que otra cosa.

No puedo afirmar que, como tanto leímos gracias a este post de Canino, "leer a mujeres es como llegar a casa y quitarse el sujetador", porque así de cómoda —u horrorizada— me hacen sentir libros escritos por hombres y mujeres a partes iguales, pero es menos probable encontrar tests de Bechdel desaprobados o pobrísimos personajes femeninos leyendo a mujeres, por dar un par de ejemplos. Y si ya te pusiste las gafas violeta, esto se hace imposible de ignorar.

Comencemos con El diario de la princesa de Carrie Fisher, nuestra princesa generala. Con la aparición de estas memorias y el regreso de Star wars a la pantalla grande, Fisher estaba de vuelta y eso solo hace más triste su temprana partida. La sinopsis de este libro promete mostrar lo que sucedió dentro y fuera del rodaje de la guerra de las galaxias, con especial énfasis en el affaire Fisher-Harrison, lo más comentado en la promoción del libro. Y, cito, "en 1976 solo era una chica de diecinueve años perdidamente enamorada de su compañero en la pantalla, Harrison Ford".

domingo, abril 23

20 inicios geniales en la literatura

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Resulta curiosa la inmortalidad de algunos inicios en la literatura. El año pasado, por dar un ejemplo, acudí al teatro a ver Moby dick. Aunque la puesta en escena no tenía ni rastro de la icónica ballena blanca, la obra empezó con la misma frase con la que Herman Mellvile le dio inicio a su obra magna: Llamadme Ismael. Moby dick pudo renunciar a su bestia, pero no a aquellas dos simples palabras.

El último día del libro decidí dedicarle un espacio en este blog a unos cuantos inicios en la literatura que me parecen sencillamente exquisitos. Este año me decidí a repetirlo, quizás incluso institucionalizarlo como el post oficial de cada 23 de abril, porque no se me ocurre mejor manera de celebrar este día que compartiendo a los protagonistas de la festividad en su estado puro, por más breve que este sea: libros que me han encantado reducidos a su inicio, ese primer encuentro que resulta ser el definitivo.

No cualquiera tiene el talento para meterse a su lector al bolsillo antes de acabar su primera página. O su primer párrafo. Mientras menos palabras requiera para lograrlo, mejor. Y, por más que un buen comienzo no te asegure que el libro esté a la altura, algunos solo son una probada de lo que se viene.

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