domingo, febrero 11

Mis libros favoritos del 2017

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Al escribir sobre las novedades del 2017 que más disfruté supuse que me despedía del clásico post de mejores lecturas, pero qué difícil es desapegarse de las viejas costumbres —entre las que incluyo, obviamente, demorarme como un mes en esta clase de posts. Aunque el año pasado estuve el día en muchos lanzamientos editoriales, algunos de mis libros favoritos fueron publicados años antes y no quería dejar pasar la oportunidad de compartirlos con ustedes.

A diferencia de años anteriores, esta vez no serán diez libros los seleccionados porque varias recomendaciones ya tienen en el post anterior y no quiero repetirme. Sin temor a ser demasiado exigente, he reducido los libros de esta entrada a cinco, así que vamos con ellos


La niña perdida de Elena Ferrante (Lumen, 2015)

La única autora que repite su puesto en mis mejores lecturas no podía ser otra que Elena Ferrante con el espectacular cierre a su saga Dos amigas: La niña perdida. Al detallar su trama entraría en terreno de spoilers, así que, muy a resumidas cuentas, esta ambiciosa tetralogía nos lleva al Nápoles de mediados del siglo XX para conocer a dos mujeres y acompañarlas desde que son niñas hasta que se hacen ancianas. Este largo trayecto, que abarca los cuatro libros en casi 2000 páginas, revela capítulo a capítulo la tremenda minuciosidad de la autora en la construcción de su historia, un arte que no le permite deshacerse en pormenores que más adelante no vayan a tener lugar en la narración. Es extraordinario el manejo que tiene Ferrante sobre su pequeño universo, en el que detalles que pueden parecer insignificantes más adelante cobran importancia.

Al ser los ejes sobre los cuales gira la trama, son Lila y Lenú en quienes recae gran parte de la historia y Ferrante hace de ellas mujeres estremecedoramente humanas a quienes no les es ajena la impredecibilidad de nuestra naturaleza. Quizás el personaje más importante después de las protagonistas es el propio Nápoles, que sucio y violento se mueve al latir de la droga, de la mafia, del abuso. La autora se aproxima a lo cotidiano de esta ciudad de manera tal que la convierte en extraordinaria, en una historia monumental. La niña perdida es una despedida redonda, final y comienzo.



Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez (Anagrama, 2016)

Ni sacar lágrimas ni motivar risas, la reacción física más alucinante que puede provocar un libro es estremecer a su lector hasta ponerle la piel de gallina. En los relatos que componen Las cosas que perdimos en el fuego, Mariana Enríquez logra justamente eso, escarapelar la piel de quien se atreva a leerla. Los escenarios de estos cuentos son distintas locaciones que evocan abandono y cierta marginalidad, el retrato del horror en una Argentina cotidiana de la que no había leído, pero sigue existiendo, y que atinan en unificar las historias como parte un todo.

Lo genial del terror en el que se mueve Enríquez es la forma en la que lo fantástico irrumpe en el día a día, lentamente y luego de golpe, haciendo de una rutina diaria una pesadilla que se pierde entre la realidad y el delirio. Mientras leía este libro también sentí el desprendimiento del binomio Argentina - Europa para abrazar el imaginario latinoamericano, su folklore y, aunque en menor medida, la denuncia social. Solo una cosa más: siempre escribo mis posts con los libros en cuestión al lado mío, pero a la hora de sacar de la estantería Las cosas que perdimos en el fuego me lo pensé dos veces. Es de noche, prefiero no hacerlo. No hay que tentar a las pesadillas.



Escenario: una fiesta en Aspen. Un hombre conversa con la autora de este libro y ella le menciona que ha escrito sobre la industrialización de la vida cotidiana. Él la interrumpe, tiene que hablarle de un libro "realmente importante" del tema que ha sido publicado ese año. Aunque Rebecca y su amiga le dicen que el libro en cuestión es el mismo del que ella le hablaba antes de ser interrumpida, es decir, que es su libro, él se demora en entenderlo. Y cuando lo hace, the horror, cualquiera que lo hubiera escuchado pensaría que había leído el libro y no que solo había ojeado una reseña de The New York Times y se hacía el experto frente a la propia autora.

A partir de esta escena, Rebecca Solnit acuña el término que le da nombre a este libro, mansplaining, y puso el tema en discusión: ¿el hábito masculino de explicar cuestiones, incluso cuando se conoce muy poco sobre ellas, en tono paternalista a mujeres es un problema de género? Partiendo de allí la autora escribe una serie de ensayos que abarcan desde la violencia sexual hasta el matrimonio igualitario y sus escasas 140 páginas bastan para hacernos recordar por qué el feminismo fue tan importante cuando surgió y cómo es que sigue siendo necesario. Leer a Solnit fue un duro golpe de realidad en una voz cercana, como si alguien hubiese juntado pensamientos que alguna vez tuve para ponerlos en orden y darles más sentido. Si quieres leer más de feminismo, lee Los hombres me explican cosas.


Éramos unos niños de Patti Smith (Lumen y Debolsillo, 2010)

«Yo estaba durmiendo cuando él murió». Así empieza Éramos unos niños, con el apagar de una vida, el final de la historia. Más de veinte años antes de aquella escena, Patti Smith era una chiquilla que cogía un metro con destino a Nueva York sin esperar el mundo que se abriría ante ella: el desenfado del rock, la vanguardia neuyorkina, la propagación del VIH, los estragos de las drogas. Sin intentar sonar aleccionadora, creo que debemos agradecer que Patti Smith tomó las decisiones correctas en su juventud y estas permitieron que ella sea una de las pocas sobrevivientes de la época que pudiera rendir tributo a aquel fascinante Nueva York de Jimi Hendrix y Andy Warhol.

Aparte de capturar esta escena artística, Éramos unos niños es una carta de amor a la amistad que tuvo la autora con Robert Mapplethorpe. Amantes y compañeros, Patti y Robert se entregaron al arte desde que llegaron y se aferraron a la idea que sería posible vivir de él. Éramos niños tiene esa magia capaz de hacerte sentir nostalgia de aquello que nunca viviste. Te lleva a desear que la historia de Patti y Robert hubiera sido para siempre y que tú seas tan afortunado de vivir algo así algún día.


Instrumental: Memorias de música, medicina y locura de James Rhodes (Blackie books, 2016) 

Qué difícil resulta sentarse frente al teclado para escribir algo referente a Instrumental, las memorias del pianista británico James Rhodes. Aunque se lea a eterno cliché, este libro nos lleva a conocer al hombre detrás del artista que revolucionó la música clásica y cómo fue que esta —volvemos al cliché— cambió su vida. Vamos sin anestesia: cuando fue un niño, James fue violado en múltiples ocasiones por un profesor de su escuela. Ello desató una serie de adicciones, trastornos mentales y complicaciones físicas que solo encontraron consuelo en el poder terapéutico de la música.

Leer el testimonio de Rhodes te lleva a cuestionar los límites del dolor humano y volver la mirada a un tema tan desgarrador como lo es el de la violencia sexual infantil. Instrumental logra sobreponerse a la típica historia de "superación personal" para entregar un testimonio sincero no exento de recaídas, sombras y desesperanza. Este libro no es una lágrima fácil ni el chocolate caliente al final de una noche de truenos, son páginas colmadas de una pasión, demencia y dolor embargadores. La historia de un hombre que se las arregla para seguir amando la vida y la música por encima de todo.

5 comentarios

  1. Hola! No he leído ninguno pero me alegra saber que los has disfrutado.

    Un saludo!

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  2. Holaa
    Me llama mucho Las cosas que perdimos en el fuego^^
    Un besito

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  3. ¡Hola! No he leído ninguno de los libros que mencionaste. Sin embargo, me ha llamado la atención Las cosas que perdimos en el fuego. Lo agregaré a mi lista. ¡Saludos!💕

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  4. Hola!!!
    No conocía ningún libro pero me ha llamado Éramos como niños tal vez le daré una oportunidad y que bueno que te gustaron mucho.
    Besos

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  5. Hola Fer!
    Hacía tanto que no te leía :O
    Me encantó lo que dijiste de cada uno. Veamos, los de la Ferrante me intrigaron después de ver lo enganchada que estabas con ellos. El de Enriquez ya me llamaba porque me encanta el título, pero ahora me muero de curiosidad.
    El de Solnit ya le tenía echado el ojo y quiero leerlo.
    Y los otros dos me llaman por ser autobiográficos, tan sentidos e ilustrar uno una época y el otro la pasión por la música a pesar de lo que el tipo vivió.
    Siempre me voy de tu blog con ganas de leer cosas nuevas.

    Que andes bien.

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